Trilogía Poética: La Danza del Fuego y el Silencio
Trilogía Poética: La Danza del Fuego y el Silencio
1 — Donde la Luz Llama en Silencio
Entra sin nombre,
porque el alma recuerda caminos
que la mente olvida.
Deja a la puerta
la prisa de ser visto.
Respira.
El fuego ya te espera.
No lo invoques,
él llega cuando el corazón se ablanda.
Permite que repose donde elige.
Si arde, inclínate.
Si calla, escucha su silencio
como quien escucha un secreto antiguo.
Dite en lo profundo:
*No soy la llama.
Soy el lugar donde ella se encuentra.*
Recuerda:
la claridad no se apaga
cuando descansas
Desciende contigo,
como un huésped fiel.
Nada verdadero llega por fuerza.
Cuando sea el momento,
la luz regresará
sin anunciarse.
Sal sin proclamar nada.
El rito ha ocurrido
si algo en ti
ha dejado de buscar.
2 — Cuando el Fuego Camina Contigo
Si el primer rito fue silencio,
este es camino.
Anda despacio,
como quien pisa el borde del misterio.
Mira cómo el fuego
habita la piedra,
el río,
tu pecho.
No lo busques en ti,
él te encontrará.
No lo exijas a nadie,
la luz no responde a órdenes,
solo a la apertura.
Déjalo pasar,
como pasa el Amado
cuando la puerta está entreabierta.
Aprende su medida:
ni exceso que queme,
ni ausencia que enfríe.
Siente la luz que se ofrece
sin dueño,
sin miedo.
Cierra los ojos.
Permite que te atraviese
sin herirte,
sin atarte.
Y cuando los abras,
verás que nada cambió
y todo es nuevo.
Porque la llama verdadera
no arde por orgullo,
ni se esconde por temor.
Arde cuando el alma la llama
sin palabras.
3 — La Luz que Habita tus Gestos
Ahora el fuego ya no es extraño.
Es un viejo amigo
que reconoce tus pasos.
No lo persigues,
no lo retienes.
Lo ves en el silencio
y en el gesto.
En la palabra
y en la pausa.
Cuando hablas, es luz.
Cuando callas, es luz.
Cuando ofreces, es luz.
Cuando descansas, también es luz.
El fuego interior no te define,
te atraviesa.
Y en su paso te recuerda
que todo lo que arde
también sabe descansar.
Permanece fiel a su ritmo:
sin temor,
sin ansia.
Sin huida,
sin exceso.
Camina con él,
como quien sabe
que la noche y el día
son dos velos
sobre la misma verdad.
Nota final
Antes de entrar, recuerda:
no somos la llama,
somos su morada.
Primero abrimos el silencio;
luego caminamos con el fuego;
al final, lo dejamos vivir en nosotros.
Arder y descansar
son la misma danza.
La luz nos atraviesa
sin pedir nada,
como el Amado
cuando encuentra la puerta abierta.
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