Volver a mí sin culpa

 Volver a mí sin culpa



Hoy me detengo.  

No es rendición,  

es escuchar al obstáculo  

como a un maestro sin voz,  

que me enseña desde su quietud.  


Oculto partes de mí  

por miedo a no pertenecer.  

Pero el miedo no es enemigo,  

es la señal de que aún amo,  

de que aún me importa.  


No hay culpa en querer avanzar  

cuando el camino se cierra.  

Solo hay un llamado:  

volver a mí,  

como quien regresa al origen  

sin preguntas.  


Vuelvo en capas,  

como la flor que se abre lentamente,  

como la piedra que revela su forma  

al agua paciente.  


Mi coherencia no es dureza,  

es ternura hacia mis principios,  

es reconocer cuándo me pierdo  

por complacer, por temer, por olvidar.  


Hoy acepto el crecimiento lento,  

como el bambú que se alza en silencio.  

Cada gesto, cada palabra,  

puede ser raíz,  

puede ser brote.  


Me observo sin juicio,  

me nombro sin vergüenza,  

me muestro sin prisa.  


Porque volver a mí  

es el acto más sagrado,  

la ofrenda más pura  

que puedo entregar al mundo.  



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