Volver a casa
Volver a casa
Nada verdadero se pierde.
Yo permanezco,
aunque todo cambie,
como el río que sigue su curso
más allá de las piedras y los remolinos.
Los tropiezos me enseñan
a caminar con más calma,
a escuchar la voz secreta del alma,
a detener la prisa
y descubrir la música que habita en el silencio.
Cuando el silencio se abre como un claro en el bosque,
el camino aparece sin esfuerzo.
Entonces sigo,
con ternura,
la luz que nace en mí.
La dejo crecer como un árbol,
sin apresurar sus ramas,
y en su sombra encuentro descanso.
Así, sin buscar destino,
vuelvo a casa:
a ese lugar interior
donde todo es raíz,
donde todo es comienzo,
donde todo es eterno.



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