Subir la Frecuencia del Alma

 


Subir la Frecuencia del Alma



No se trata de escapar,

sino de recordar.


La luz no se conquista,

se sintoniza.

Está aquí,

en el gesto pequeño,

en el instante que respira,

en la voz que ya no lucha

por tener razón,

sino por ser verdad.


Subir la frecuencia

no es huir del dolor,

es mirarlo hasta que se disuelva

en comprensión.

Es amar incluso la herida

porque revela el camino de regreso.


La mente aprende a escuchar al alma

cuando dejamos de temerle al silencio.

Allí —en el hueco de la respiración—

el universo se ordena.

Inhalar: recibir lo que es.

Exhalar: soltar lo que ya cumplió su ciclo.


No busques el resplandor:

vuélvete claro por dentro.

Habla con palabras que nutran,

mira con ojos que bendigan,

camina con pasos que no necesiten testigos.


Cada verdad dicha con amor

abre un espacio en el aire.

Cada acto invisible de bondad

eleva el canto del mundo.


Ser presencia es la oración más alta.

Estar aquí, con todo,

sin huir, sin exigir.

Amar lo que es,

hasta que lo que es

se vuelva luz.


Cuando el alma se alinea,

el día amanece solo.

Nada hay que forzar:

la vida sabe.

Y el pulso secreto que te habita

te guía sin ruido

hacia lo que ya eres.


No fuerces la luz.

Ella te reconocerá.





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