Luz en mi templo ( El autorespeto)
Luz en mi templo ( El autorespeto)
Cada cuerpo es sagrado,
no por su forma,
sino por el alma que lo habita,
por el misterio que respira
bajo la piel.
Purificar no es negar,
no es borrar ni esconder.
Es encender la lámpara interna,
y dejar que su fuego ilumine
hasta los rincones olvidados.
No hay rechazo en el cuidado,
hay amor que escucha,
presencia que sostiene,
honra que no exige perfección.
Mi piel, mi pulso, mi aliento,
son altares vivos.
Cada cicatriz, cada curva,
es testigo de mi tránsito sagrado.
Y yo, con ternura,
los bendigo.
No por lo que muestran,
sino por lo que contienen:
la luz que no se apaga,
la divinidad que me habita.
Hoy me inclino ante mí misma,
no como quien se rinde,
sino como quien reconoce
que el templo siempre estuvo aquí.



Comentarios
Publicar un comentario