Limpieza energética

   Limpieza energética 



Caen luces sobre mi piel,

una ducha de claridad disuelve lo ajeno.


Respiro en compás de cuatro y seis,

respiro el alivio, exhalo la carga.

Siento por los otros,

pero no soy sus temblores ni sus mareas.


Esto lo siento, pero no es mío,

repito mientras regreso a mi centro.


Camino descalza por la tierra tibia,

mi cuerpo es frontera y refugio,

un hogar que late y me recuerda:

habitarme es no perderme.


Lavo mis manos, suelto memorias,

las letras se vuelven ceniza o vuelo.


Agradezco esta sensibilidad,

capaz de tocar el mundo

sin dejar que me inunde.


Hablo con mi alma cada mañana:

¿qué necesitas, amiga mía?,

¿qué mensaje traen tus olas suaves?


En el diálogo nace la alquimia.

Lo que fue dolor se hace compasión,

lo que fue creencia se abre a la vida.


Y una emoción, ya libre,

se despide sin drama ni culpa.


Pregunto al silencio:

¿esto me construye o me consume?,

¿sigue siendo mío o solo ocupa espacio?


Soltar no es olvidar,

es madurar,

es honrar lo vivido y permitir que fluya.

Disolver no es perder.

Es liberar.

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