La llama del alma


La llama del alma 





En tu interior habita una llama

 que no conoce hastío,

y aunque arda con suavidad,

su luz es más fiel que el alba 

que despierta a los montes.

No pide ser vista,

tan solo ser reconocida por tu propio corazón.


No temas al fuego que purifica,

pues aquello que arde en él

no es tu esencia, sino tus sombras.

Y cuando lo viejo cae como ceniza,

la verdad se alza desnuda y serena,

como un niño que abre los ojos por primera vez.


Camina, entonces, sin orgullo y sin cadenas.

Porque el orgullo te encierra,

y las cadenas te alejan de ti mismo.

Deja ir lo que pesa,

y verás que la ligereza es un puente

que te conduce hacia la paz


La claridad será tu maestra,

la paciencia, tu compañera silenciosa,

y el perdón,

el puente que une tu corazón

con el corazón del universo.


Y cuando hayas abierto la puerta

a la luz que te llama,

brotará en tu espíritu un jardín invisible,

donde la eternidad florece sin marchitar

y el viento entona su canto de libertad.


Y en  esa danza,

descubrirás que la Verdad

no estaba lejos,

sino respirando contigo

desde el principio.

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