La flor que recuerda
La flor que recuerda
Una flor despierta
como el alma que recuerda su origen.
No sabe si el sol la mira,
pero abre sus pétalos
al rumor del trueno
que aún vibra bajo la tierra húmeda.
La savia no asciende: regresa.
Como un suspiro que no rompe el silencio,
sube lenta,
rozando la memoria
que arde en su tallo.
El invierno se disuelve en sus venas.
El aire nuevo la roza,
como una caricia
que la llama desde el sueño.
Todo su cuerpo escucha.
Cada fibra se arquea hacia la promesa,
como si amar
fuera recordar la luz.
Entonces truena otra vez.
Un escalofrío la recorre —
no es el viento:
es la vida llamando.
El sol la toca sin tocarla,
acariciándola desde el aire.
Y la piel del tallo responde,
lenta,
como si despertara un deseo dormido.
Sus pétalos vibran
con la palabra no dicha.
Nada pide: solo escucha.
Y en esa escucha se aquieta.
El temblor se vuelve pulso,
el pulso, respiración.
Y en un resplandor quieto,
la flor se entrega
al origen que la sostiene.



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