La calma que abre el cielo

 La calma que abre el cielo



No llevo coronas ni vestiduras brillantes,  

pero la luna creciente me regala su luz,  

como un amigo que llega sin anunciarse.  


No necesito alzar la voz:  

la verdad camina descalza,  

y aun así llena la tierra de canto.  


La vida me pide quietud,  

como el árbol que espera la lluvia,  

como el río que confía en el mar.  


Entonces el corazón,  

que temía perder,  

se abre como una flor al amanecer.  


Y sonríe,  

porque descubre que la alegría  

no es conquista ni posesión,  

sino perfume compartido  

que se esparce en el aire.  



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