Fuego en la mano (la espina que aprende a ser luz)
Fuego en la mano
Hay un fuego , en mi pecho
que golpea las paredes de mi día
y yo lo llamo irritación,
pero sé que también es un mensajero.
Lo dejo hablar, no lo callo,
escucho el ruido que trae
y entre sus gritos descubro
mis propios miedos, mis expectativas,
todo lo que creí necesario
y que en realidad me pesa.
Respiro con él,
lo dejo bailar y moverse,
y poco a poco la llama se vuelve luz,
y la luz me recuerda:
todo puede ser sin mi pelea,
todo puede ser sin mi control.
Y entonces me siento,
respiro, y dejo que todo se calme.
El fuego se vuelve claridad,
la molestia se hace enseñanza,
y mi corazón aprende
que la vida es también esto:
aceptar, soltar, seguir andando,
con un poco más de paciencia
y un poco más de amor por uno
mismo.
Nota:
Transformar la irritación: un camino de claridad y presencia
La irritación surge como una chispa en nuestro interior, y no es enemiga: es una señal, un mensaje de nuestra propia mente y corazón. La clave está en observarla sin reaccionar, sin dejar que nos arrastre.
Al detenernos y respirar, la emoción se aclara y nos permite ver qué expectativas, miedos o juicios están detrás de ella. En lugar de luchar, aprendemos a escucharla y dejar que nos enseñe algo sobre nosotros mismos.
Finalmente, al soltar lo que no necesitamos controlar y regresar al presente, la irritación se disuelve. Lo que queda es claridad, calma y simplicidad: un espacio donde podemos actuar desde la inocencia, la espontaneidad y la paz interior.
Práctica sencilla:
1. Detente y observa la emoción
2. Pregúntate qué te está mostrando
3. Suelta expectativas y resistencia.
4. Permanece en el momento presente, abierto y sereno.
Así, la irritación se transforma en guía y luz, recordándonos que la paz comienza dentro de nosotros.



Comentarios
Publicar un comentario