En la raíz del instante

 


En la raíz del instante




Ella no camina: germina.  

No tiene cuerpo, sino temblor.  

Es la pausa entre dos latidos,  

el aliento que no se nombra.


Su forma es la del aire  

cuando se vuelve aroma.  

Su piel, la del río  

cuando olvida su cauce.


No se adorna con la tierra,  

la tierra la reconoce como suya.  

No se posa: se mezcla.  

Es raíz del instante,  

y en su silencio, todo florece.


El viento no la despeina,  

la acaricia como a una hermana.  

Las mariposas se posan en su mano  

como si volvieran a casa.


No hay frontera entre su pulso y el bosque,  

entre su mirada y la luz.  

Ella es el susurro que une  

lo que nunca estuvo separado.


Es el temblor que antecede la lluvia,  

el hueco donde canta el pájaro.  

No vive en el tiempo: lo disuelve.  

No busca: se entrega.


Su sombra no pesa: florece.  

Donde se insinúa, el musgo canta.  

Las piedras se abren a su paso  

como si recordaran su nombre.


No habla: brota.  

Su voz es un temblor de pétalos,  

una lengua que entienden los helechos.  

Cada gesto suyo es una estación,  

cada silencio, un nido.


Ella no es ella:  

es el momento en que todo se vuelve uno.  

La raíz que no se ve,  

pero sostiene el mundo.


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