Gracia Serena

 Gracia Serena





El sol descansa en su mano


Ella no camina, flota.  

El viento no la toca, la sigue.  

Su vestido murmura secretos antiguos  

que solo el cielo entiende.


No pide nada,  

pero el horizonte se inclina hacia su palma.  

El sol, obediente, se deja sostener,  

como si su fuego fuera ternura.  

El sol descansa en su mano,  

y no arde, acaricia.


Hay árboles que la miran  

y colinas que se curvan para no interrumpir.  

Ella no habla,  

pero el silencio se vuelve.


No es reina, ni diosa, ni sombra,  

es la pausa entre dos latidos del mundo.  

La elegancia que no se aprende,  

la presencia que no se explica.


Su gesto no busca admiración,  

pero el día se detiene a contemplarla.  

Y en su andar sin ruido,  

la belleza se vuelve inevitable.


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