El poder de recibir sin miedo
El poder de recibir sin miedo
Recibe la brisa,
no preguntes su rumbo;
ella sabe de tu quietud más que tú mismo.
Abre las manos como tierra silenciosa,
y acoge lo que llega,
aunque aún no entiendas su razón.
No persigas la luz,
sé la cámara en la que se posa,
el espacio donde se hace suave y tibia.
No exijas señales,
sé el oído que escucha en la penumbra.
La fuerza no está en el grito,
sino en la quietud que sostiene.
La belleza no reside en el brillo,
sino en el gesto que acoge,
que se abre al mundo sin reservas.
Y cuando el mundo te convoque,
acércate con el corazón entero,
como quien lleva una flor en el pecho,
y sabe que nunca está solo.
Porque el alma que se entrega sin miedo
invita a otras almas a danzar,
y en esa danza silenciosa,
todo lo que fuiste, todo lo que eres
y todo lo que aún será
se une en la armonía de lo eterno.



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