El Milagro de lo Pequeño
El Milagro de lo Pequeño
Un día me vi
guardando para mí
la mejor parte del dulce.
Y me reí.
Porque no era pecado,
ni virtud.
Era solo mi mano
haciendo lo que hace una mano
cuando no piensa.
El ego, el yo,
esas palabras grandes,
no existen en el campo donde crecen las flores.
Solo hay gestos,
y el sol cayendo sobre las cosas.
Luego, sin querer,
dejé el último trozo.
No para ser buenoa,
sino porque ya no importaba.
Y en ese instante,
el aire fue más claro,
como si el mundo
me hubiera perdonado algo que nunca hice.
Entonces comprendí:
no hay milagros,
ni pequeños ni grandes.
Solo la vida,
que sucede sin esfuerzo
cuando uno deja de ser alguien
y se vuelve parte del día.
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