Donde el viento aprende a ser río

 Donde el viento aprende a ser río



No todo lo que se aleja se pierde.  

Hay una sabiduría en el repliegue,  

como la luz que se esconde en la semilla  

para germinar cuando nadie mira.


El río no desafía la cima,  

la rodea, la acaricia,  

y en su descenso  

descubre la profundidad.


La montaña no grita su poder,  

lo guarda en su quietud,  

como quien sabe  

que el tiempo es su aliado.


Así se nos enseña:  

a retirarnos sin rendirnos,  

a hablar solo cuando el silencio  

ya ha dicho lo esencial



El viento nos recuerda:

que la fuerza verdadera no empuja,

penetramos la vida suavemente,

y desde esa claridad influimos en el mundo.


Así también nos llegan las

voces del espiritu

como lluvia sin mandato,

empapando sin exigir:

no para elevarnos fuera del mundo,

sino para hacernos tierra fértil.


Porque el alma, si es sabia,

se hace agua cuando debe fluir,

y roca cuando debe guardar.

Y de esta manera, sin esfuerzo,

el espíritu aprende a caminar en armonía con la vida.

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