Donde el fuego no quema
Donde el fuego no quema
Ella estuvo dividida,
entre lo que deseaba
y lo que otros esperaban.
Una llama en una mano,
una flor en la otra.
Pasión y pureza,
culpa y deseo,
el viento le hablaba en lenguas antiguas
que solo el alma entiende.
No gritó.
No pidió permiso.
Solo cerró los ojos
y dejó que el mar le lavara el juicio.
Soltó el peso que no era suyo,
el deber que no le pertenecía,
la culpa heredada
como una sombra sin origen.
Ahora camina,
no hacia el olvido,
sino hacia el presente.
Donde el fuego no quema,
y la flor no marchita.
Donde ella es suficiente
sin tener que elegir.
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