Donde el esfuerzo florece
Donde el esfuerzo florece
Hay quiénes vienen al mundo
con el brillo puesto,
con un canto que les brota solo,
con un rumbo que parece claro.
Y están los otros,
los que tantean la sombra,
los que avanzan con los labios resecos
y el sueño un poco deshilado.
Pero ahí, en su pecho cansado,
late una cosa tercamente bella:
Una fe chiquita,
un fuego que no alardea
pero que e no se apaga.
El mundo aplaude al que triunfa,
pero camina gracias a tantos
que madrugan sin estruendo,
que vuelven a empezar sin nombre,
que levantan la esperanza
como si fuera pan.
Porque el don más cierto
no cae del cielo.
Nace de insistir,
de seguir aunque duela,
de abrir la vida
con las manos vacías.
Sigue, alma mía,
aunque te falte el viento.
Porque hay victorias humildes
que sólo conocen
los que nunca dejaron de creer.
Y un día, sin notarlo,
te verás con luz en las manos.
No era un milagro:
era tu esfuerzo floreciendo



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