Cuando el alma tiembla

 Cuando el alma tiembla



Cuando el alma tiembla,

no es fragilidad:

es el nacimiento silencioso

de una fuerza que aún no sabe su nombre.


No te apresures a ser firme.

La luz no nace con borde,

ni el río empieza sabiendo su cauce.

Todo lo que es verdadero

tiembla un instante antes de florecer.


Hay una mano antigua que te sostiene,

aunque no la veas.

A veces es tu propia sabiduría

recordándote desde lejos

que ya has caminado oscuridades mayores.


Respira.

La vida no te pide perfección,

solo sinceridad.

Quédate aquí, donde eres blanda,

porque es en lo blando

donde el universo escribe sus mensajes.


Si hoy te sientes pequeña,

recuerda:

las raíces también tiemblan

cuando empujan la tierra para nacer.


Y si no encuentras el paso,

no importa.

El camino te encuentra a ti

cuando tu corazón se vuelve humilde

como el alba que no compite

con la noche que deja atrás.


Permite que tu voz sea tenue,

que tu pecho sea lugar de paso,

que tu espíritu descanse.

No tienes que sostener la verdad:

la verdad te sostiene a ti.


Porque incluso en el temblor

eres ascenso.

Incluso en la duda

eres luz buscando su forma.

Incluso en lo vulnerable

eres parte eterna de un orden amoroso

que no se rompe jamás.




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