Camino hacia el sol
Camino hacia el sol
Cada amanecer, la carretera se extiende
como un hilo entre lo que fui y lo que forjo.
Ochenta kilómetros de dudas y promesas,
la distancia exacta entre la pereza y el pulso.
Disminuyo: dejo atrás el ruido,
las excusas que soplan como hojas secas.
El motor canta su mantra bajo el cielo,
y cada kilómetro es una renuncia luminosa.
Kali danza en mis hombros,
su risa rompe el velo del cansancio.
No temo a su filo:
su espada corta el miedo, no mi esencia.
En el templo del hierro y el agua
mi cuerpo se vuelve ofrenda.
El sudor cae como incienso sobre el suelo,
y en el espejo no busco forma, sino claridad.
Así crece lo grande en mí:
no como triunfo, sino como calma.
El fuego ya no arde contra mí,
me habita.



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