Aún no está todo asentado

 Aún no está todo asentado





He trabajado en mí,

como quien remueve la tierra antigua

buscando un agua invisible.

Ya los surcos respiran,

pero aún tiemblan las raíces,

y el barro no se ha vuelto suelo.


El Pozo me llama desde dentro:

sus ecos me invitan a descender,

a limpiar lo turbio,

a hallar la fuente que no engaña.


De lo profundo, viene el alimento,

pero solo si el balde desciende hasta el alma.

Soy brisa de paso,

viento que acaricia y se disuelve,

a veces tan ligera

que me pierdo en los aromas ajenos.


Me cuesta discernir lo que nutre

de lo que solo brilla sin sostén.

Aún no muestro todo lo que soy:

me cubre un velo que respira conmigo,

esperando la hondura precisa

donde mi verdad no tiemble


Entonces recuerdo:

todo tiene su ritmo, su mandato,

y la disciplina, 

—esa forma del amor—

es también un abrazo que sostiene.


Escucho mi voz interna,

que junto a la voz humana del todo,

me ofrece de su pozo antiguo un sorbo claro.

Y así avanzo,

sin ruido, con paso firme,

como un ejército de luz

que no conquista: se ordena


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